Un año lleno de mentiras, burlas y engaños

Un primer año de gobierno siempre es difícil y estanca al país.

En la era de los gobiernos priistas, desde Luis Echeverría hasta Carlos Salinas de Gortari, cada fin de sexenio se presentaba una devaluación en donde se quedaban las arcas del gobierno federal con las reservas mínimas para subsistir.

Con el cambio de Enrique Zedillo a Vicente Fox, fue la primera vez en muchas décadas que el país no sufría descalabro alguno en diciembre. Lo mismo pasó de Fox a Calderón, cero caídas económicas.

Cuando llegó Enrique Peña Nieto, su inmovilidad en decisiones y obra pública, paralizó al país durante su primer año y después, lo retrasó con la aplicación de la Reforma Fiscal por el que muchas empresas tuvieron que manejarse con cautela. De la corrupción mejor ni hablemos.

Hoy con Andrés Manuel López Obrador, vivimos un año trágico, lleno de sorpresas y sinsabores.

En el primer año de su sexenio tan solo se ha dedicado a destruir todo lo que costó años construir.

La descomposición de México se inició por la imposición sin argumentos de pagar millones de pesos por estacionar el avión presidencial y de destruir el Nuevo Aeropuerto de Texcoco, así como quitar los servicios médicos, la reforma educativa, medicamentos, programas de vacunación, prevención de control de enfermedades, becas de posgrado, estancias infantiles para madres trabajadoras, anular el empleo, tener un crecimiento cero en economía, restringir presupuesto a hospitales de alta especialidad, crear una guerra al huachicol sin presentar a un solo detenido, haber orquestado la peor captura de un delincuente en la historia de México para después devolverlo y perdonarlo, servirle de tapete al presidente norteamericano que más ha ofendido a nuestro país y a su gente, liberar al crimen organizado en las calles y pueblos, planear un pésimo programa de seguridad pública que no sirve para nada, imponer a funcionarios públicos con probada inexperiencia, engañar, burlarse, dividir al pueblo, ofender y lastimar, son su sello personal.

Más de 30 mil muertos en este primer año, mujeres asesinadas, niños desaparecidos, familias acribilladas y no ha existido de parte del ejecutivo, ninguna palabra de aliento ni de consolación a los familiares de la víctimas, al contrario hasta le da flojera reunirse con luchadores sociales.

Inicia el segundo año y desafortunadamente las perspectivas son pésimas.

El presidente no cambiara su discurso, seguirá echándole la culpa a Calderón y a los conservadores, dividiendo al país y fomentando el odio entre la sociedad.

Continuará exponiendo a las fuerzas armadas para que las acribillen, no invertirá ni un solo peso en obras públicas así como en ciencia ni tecnología. Seguirá malgastando nuestro dinero en prebendas para mantener a un ejército de estómagos agradecidos.

Los vientos del cambio, más bien parecen huracanes enfermos de poder.

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