Editorial / Madres de un día

Un punto de vista diferente e irreverente

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Madres de un día

Ayer se celebró en México el Día de las Madres.

Un día más en donde millones de mexicanos recuerdan que en algún lugar del país existe una señora que les dio la vida y sus mejores años para hacerlos crecer bien, todo lo humanamente posible.

Por ello, aunque sea un día posterior, deseamos hacer un breve recorrido y reconocimiento por todos los tipos de mujeres que llevan con orgullo esta dura actividad de ser madres.

La madre que espera a que sus hijos llenos de actividades y trabajo lleguen a visitarla una vez a la semana, si bien le va.

Esa madre que está para cuidar a los nietos -forzadas ahora por el gobierno federal- sin muchas veces ya tener la fuerza para ello o los conocimientos básicos para realizarlo adecuadamente.

La madre que hace milagros con el poco dinero que recibe de una precaria pensión después de haber dedicado toda su vida a trabajar.

La madre enferma que tiene que esperar horas en una clínica del sector salud para poder ser atendida de sus achaques recibiendo un trato inhumano.

La madre que llora por sus hijos desaparecidos, que le fueron arrebatados por el crimen organizado. Víctimas de un sistema social deteriorado en donde es más fácil culpar a las administraciones pasadas, que tomar el toro por los cuernos y buscar una solución.

Esa cabecita blanca que algún día tuvo fuerza para gritarnos y educarnos a punta de chanclazos y que a pesar de ello formó a buenos ciudadanos.

Esas mamás modernas que hoy no pueden decirle un “no” a sus hijos porque dicen que los trauman y generan ciudadanos irrespetuosos y agresivos.

Esas madres perdidas en las montañas, que tienen que sufrir de dolor para parir a sus hijos en una cabaña tiradas en el piso.

Esas madres que fueron asesinadas por un maniático y que dejaron en la orfandad a sus hijos.

Esas madres que a pesar de todos los defectos de sus hijos los defienden a capa y espada, y que son capaces de golpear al más grandulón de sus enemigos.

Esas madres que con solo una mirada fulminante nos ha hecho sentir el peor de los bichos.

La madre que aunque ya no está físicamente en vida, es imposible dejar de olvidar a pesar de los años.

A todas esas madres que han vivido por sus hijos, dando su vida, su tiempo, su juventud y belleza, hoy les felicitamos y agradecemos su dura labor.

Madre solo hay una.

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