Reflexiones / La divinidad del presidencialismo

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El presidente en México es único.

El sistema político que hemos vivido en nuestro país, ha hecho que los presidentes se conviertan en seres inalcanzables y se les vea y trate como personajes divinos que vienen a resolver nuestros problemas.

Ellos tienen el poder en sus manos tanto que el propio Congreso de la Unión, está a sus órdenes esperando promulgar las leyes según su gusto y deseo, sin importar sus futuros resultados o consecuencias.

Todos ellos han llegado al poder criticando a su antecesor sin embargo, una vez que se sientan en la silla presidencial, mantienen las viejas prácticas que antes criticaban. A los programas sociales solo les cambian de nombre, realizan compras con asignación directa sin licitación y colocan en los puestos claves que manejan finanzas, a funcionarios de dudosa honorabilidad.

Sus familiares y amigos de la infancia, se suman a engrosar los gastos del erario sin que nadie pueda prohibirlo o denunciar.

Sus más fervientes seguidores los veneran, defienden y se atreven a realizar actos que antes hubiera sido imposible que los llevaran a cabo. Donde hay dinero y beneficios, las ideologías se transforman.

Sus fieles creyentes aceptan la filosofía política que pregonan sin conocer a ciencia cierta, los alcances de sus palabras.

Los medios de comunicación mágicamente se transforman de críticos a promotores y defensores bajo la bandera de la información, dejando a un lado la verdadera libertad de expresión. Mientras haya pauta, habrá elogios.

Todos han tenido muertos durante sus gestiones y han sacado al ejército a las calles a reprimir a los sociedad cuando lo necesitan. Ninguno se salva.

Con sus “amplios conocimientos” aplican políticas populistas como control de precios, nacionalizaciones, cancelación de obra pública, endeudamiento e inflación entre muchas más, que afectan la economía del país pero asegura y domina la sociedad clientelar para los siguientes comicios.

Los presidente en México han sido vanagloriados como si se tratasen de un rey, jeque o un ser iluminado proveniente de los más oscuros límites del universo en donde solo su palabra es la verdad.

Si por alguna causa te atreves a cuestionarlos o criticarlos, eres llamado traidor a la patria y antimexicano, la sociedad misma te mira con ojos de extrañeza y te señala como el ser humano que osa pelear con el santo Dios, en donde Palacio Nacional más bien parece el templo de Moisés.

En México nada cambia.

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