Neuropolítica | Perdedores de dinero, tiempo y poder

Por David Uriarte

Alternativo.mx / Los ganadores de un espacio político en la elección concurrente del primero de julio de este año representan el 20 por ciento más o menos del total de los participantes, lo cual significa que por cada ganador hay por lo menos cuatro perdedores.

Los ganadores aseguran un buen ingreso por un buen tiempo, con un buen postre que se llama poder; los perdedores tiraron su dinero, su esfuerzo, su tiempo, y la fantasía de poder.

Cada caso es único, tanto en de los ganadores como de los perdedores. Hay ganadores que hoy no saben qué hacer con su triunfo, pero hay perdedores que sienten raído su prestigio, su fama, su prosapia, tienen una herida narcisista que les duele y preocupa más que un cáncer terminal; otros perdedores vieron ir sus ahorros, otros están endeudados, y otros más perdieron la salud física e incluso hay quienes perdieron la salud mental y hoy son víctimas de una depresión ansiosa que los mantiene encerrados en el claustro domiciliario.

Principio elemental del que intenta ganar es saber perder. Sin embargo, el concepto de pérdida, aunque sea en la política, se parece mucho al concepto de pérdida de la vida: todos vamos a morir y por más que se crea en la preparación para ello, al final todo es incierto.

Los que hipotecaron su palabra con la promesa de hacer ciertos manejos o negocios donde el dinero o las influencias iban a resolver ciertas carencias, hoy tendrán que pagar los intereses de su descalabro político. Los que renunciaron a puestos o cargos políticos, administrativos o descuidaron sus negocios o empresas, hoy están más enredados que las luces de Navidad y otros andan buscando chamba.

Los perdedores construyen una capa del tejido social muy vistosa. Es decir, aunque sean pocos son una referencia social y política.

La pérdida de dinero, tiempo y poder son las grietas por donde entra el óxido de la desgracia y el fracaso para muchos aprendices de la política, aunque para otros, solo es un receso que los sienta en banquillo después de perder un round y levantarse para ganar la pelea, si no al tiempo.

Algunos candidatos perdiendo ganaron, y otros perdiendo enterraron para siempre sus aspiraciones políticas.

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