Neuropolítica | ¿Cuánta gente “mala” hay en Culiacán?

Por David Uriarte Gastélum
Los delitos de alto impacto, son aquellos que le dan la vuelta al mundo en minutos y dejan una marca de asombro que se puede convertir en miedo. Un análisis antropológico, sociológico, jurídico y psicológico, puede matizar la percepción de la conducta violenta.
La evolución ontogenética marca el grado de inteligencia colectiva, es decir, la formación individual dibuja la silueta del grupo social al que se pertenece. Los aprendizajes culturales influyen en todo sentido, por eso, aquellos que aprenden a vivir bajo las normas sociales, cultivan un civismo ejemplar, sin embargo, aquellos que aprenden o se les facilita romper las reglas y normas de convivencia social, edifican al mismo tiempo la subcultura de la ilegalidad. 
Las leyes, normas, y reglamentos relativos a la sana convivencia, están plasmados desde siempre; su aplicación en todo caso es lo que habría que afinar.
Los antropólogos, sociólogos y legisladores, se anclan y vinculan a las representaciones y significados psicológicos de la sociedad, para interpretar necesidades y controlar excesos. La conducta violenta es un espectro cuya amplitud va desde un lenguaje pasivo agresivo, hasta el homicidio cuyo grado de sadismo es indescriptible.
Una sociedad que observa la impunidad y el incumplimiento de la ley, es una sociedad que aprende a invadir el carril de los “malosos”.
¿El millón de habitantes del municipio de Culiacán se agreden entre sí? La respuesta es evidente: no. Si el 1% de los habitantes de Culiacán fueran sociópatas, serían diez mil, si fuera el 0.1%, serían mil, y si fuera el 0.01%, serían cien. Si la tasa de sociopatía en Culiacán fuera del 0.01%, uno de cada diez mil habitantes sería un riesgo social, y 9,999 serían personas socialmente funcionales.
El cáncer empieza por una célula maligna que se multiplica, y termina matando a la persona, esto si no se detecta a tiempo o no se administra el tratamiento efectivo.
Si la familia es la célula de la sociedad, no permitamos que se enferme, y si esto pasa, hagamos un diagnóstico oportuno y apliquemos las medidas correctivas para evitar su contagio y metástasis. Ojo, nadie se acuesta siendo bueno y se levanta siendo malo.

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