Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común

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Por Israel Chávez Pozas

“Alabado Seas” es la encíclica del Papa Francisco que nos invita a proteger la naturaleza desde el reconocimiento de la dignidad del Ser Humano, es uno de los documentos más esperados de los últimos años, sus primeros bosquejos fueron anunciados en el año 2013, aún antes de salir a la luz levantó comentarios a favor y en contra, aborda el tema del cuidado del medio ambiente, pero va más alla de lo “ecológicamente correcto”, señala las causas de la depredación de los recursos naturales, denuncia la ambición ecónomica de los poderosos que sobrexplotan la creación y la cultura del consumismo que trae como consecuencia el agotamiento de la tierra y su contaminación. Es una enciclica que habla del cuidado de la naturaleza, pero sobre todo de la “ecología humana” y cómo desde esta visión podemos construir un mundo distinto.

¿Qué clase de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo ahora?, este interrogante es el corazón de “Laudato Si” (Alabado Seas), esto nos lleva a preguntarnos sobre el significado de la existencia y sus valores en la base de la vida social. “A menos que luchemos con estos temas tan profundos, no creo que nuestra preocupación por la ecología produzca resultados significativos”, dice el Papa.

La encíclica toma su nombre de la invocación de San Francisco de Asís, “Alabado Seas, mi Señor” en su Cántico de las Criaturas. Nos recuerda que la tierra, nuestra casa común “es como una hermana con quien compartimos nuestra vida y una hermosa madre que abre sus brazos para acogernos”. Hemos olvidado que “somos polvo de la tierra; nuestros cuerpos están hechos de sus elementos, respiramos su aire y vida y refresco de sus aguas”.

Estas reflexiones toman vital importancia si consideramos que la contaminación en el mundo afecta a 1,400 millones de personas que no tienen agua para beber, que el 50% de los ríos están contaminados, que 90 mil kilómetros de árboles son talados diariamente, que 1,300 millones de toneladas de alimentos se desperdician a nivel mundial, que 4,500 niños mueren diariamente por la falta de agua y que 20 mil personas mueren diariamente por la contaminación del aire.

Podríamos resumir toda la carta en una frase cuya comprensión y sentimiento son clave en el problema social y ambiental global: “Todo está conectado”. Esta es una carta dedicada a la madre tierra que “clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes”: suelo, agua, aire, y seres vivientes.

En primer lugar, estamos dentro de una “compleja crisis socio-ambiental” que requiere una “ecología integral” que conecte causas y consecuencias, que conecte, por ejemplo, la inocencia de beber agua embotellada con la contaminación global de aire, tierra, y mar.

La inspiración la encuentra en San Francisco de Asís, que “es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, en él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior”.

Independientemente de la ideología religiosa de cada persona, queda claro que los líderes mundiales están ocupados en el tema de la conservación de los recursos naturales y de su consumo racional y sustentable, la principal crítica de éstos es al consumismo y apuntan a una de sus causas: “Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir”.

Mientras la humanidad del período post-industrial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades. El llamado mundial está dirigido a ser “coherentes”, no burlarse de las preocupaciones por el medio ambiente, y una “conversión ecológica” real y congruente.

Concluye el Papa Francisco, “el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes, como de hecho ya está ocurriendo”. Por tanto, el momento de actuar es “ahora mismo”.

 

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