Neurociencia | El nido de la especulación

Por David Uriarte

Alternativo.mx / Nada más fácil que imaginar, crear o inventar condiciones cuya realidad solo suceden en el imaginario personal y colectivo de quienes lo construyen.

Es dado al humano y a nadie más la capacidad de fantasear e imaginar cosas contrarias a toda lógica; es la capacidad cuya dimensión no conoce ni respeta límites, es decir solo libera su pensamiento como siguiendo la ley de la gravedad, esperando que caigan por su propio peso.

La especulación toca todas las áreas de la vida, desde lo insignificante para la sociedad hasta los temas delicados como la seguridad, la economía y la salud.

El nido de la especulación solo existe en un cerebro enfermo cuando afirma sin conciencia o en un cerebro maquiavélico cuando afirma como instrumento cuyo objetivo es el daño específico de algo o de alguien.

Hay de especulaciones a especulaciones. El ciudadano común especula según su percepción, su vivencia y su grado de abstracción, en tanto el nido de su especulación solo es su vivencia; en cambio, la mente perversa especula con un objetivo claro y preciso: dañar.

Dañar la imagen lesionar la estima, amedrentar, manchar el prestigio, y todo aquello que disminuya o anule las potencialidades de la persona o el grupo a quien va dirigida la especulación. Ese es el objetivo de la mente perversa.

La ausencia de prudencia y la justicia dan lugar a la construcción del nido de la especulación. Una persona prudente jamás especularía con el objetivo de dañar, una persona justa tampoco lo haría, entonces por qué tanta especulación en los temas políticos; la respuesta está en la ideología enfermiza o el pensamiento mercenario.

La versión moderna de la especulación son las famosas “Fake news” o noticias falsas. Lo más fácil e incluso divertido para una mente retorcida es lanzar al espacio informativo una noticia falsa que llame la atención e incluso que despierte el interés colectivo.

Con estos productos informativos se desvirtúa la realidad, se predispone a la sociedad a formar animadversión relativa a ciertos actores políticos, o se cumple con la instrucción de dañar a alguien.

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