Neuropolítica | El presagio del desastre

Por David Uriarte

Alternativo.mx / Las imágenes dadas a conocer el lunes 4 de junio del 2018 por la televisión nacional revelan el desbordamiento de la insurrección, la falta de respeto y la provocación a la fuerza del Estado.

Vejar a cualquier persona es un acto de irracionalidad; insultar, devaluar y violentar a la figura de autoridad, es buscar el exceso de fuerza en un acto de victimización; pero burlarse de las fuerzas castrenses, es otra cosa cuyo adjetivo no encuentro, más cuando se trata de la Marina Armada de México.

Hacer apología del crimen organizado o de grupos criminales a través de pintas o discursos ya se había visto, pero hacer pintas con mensajes alusivos a grupos criminales en los vehículos militares, dañarlos o causar perjuicio al patrimonio nacional, lesionar física y psicológicamente a las fuerzas castrenses, no se había registrado en la forma en que se hizo hace unos días en Ciudad Guzmán, Jalisco.

Que un tribunal federal ordene reponer el procedimiento en el caso Ayotzinapa, donde 43 desaparecidos fueron noticia internacional poniendo a México en el filo de la incredulidad del sistema de justicia y gobernabilidad. Que miles y miles de personas marchen por las carreteras que confluyen en la Ciudad de México en búsqueda de legitimar liderazgos sociales y gubernamentales, es la constante en los últimos meses en México.

La intención de voto está polarizada en México, es decir, la psicología social camina siempre en grupos. La valentía colectiva es la identificación de las mismas necesidades, las mismas aspiraciones y las mismas frustraciones. El presagio del desastre sociopolítico, la caída de un régimen o un sistema carcomido por su propia voracidad, es lo que se avizora en las próximas semanas si no se implementan estrategias de alivio o medidas espectaculares que modifiquen el rumbo del desastre.

El poder adquisitivo –de por sí depauperado– puede difuminarse, la devaluación puede arrollar las esperanzas construidas en décadas, las deudas pueden incrementarse a niveles insospechables, esto lo saben perfectamente los que ya vivieron en error del 94 con Ernesto Zedillo. Estabilidad social es una aspiración que puede quedar en ilusión.

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