Neuropolítica | La fuerza de la creencia

Por David Uriarte

Alternativo.mx / La creencia es la alfombra por donde transita la conducta. El humano construye dos realidades: la que siente y la que expresa. La que expresa pasa por el filtro de la conciencia y la razón; la que siente, la vive y descansa en la intimidad de su ser.

No todo lo que se expresa se cree, y no todo lo que se cree se expresa, este es el nido de la realidad individual multiplicado por 85 millones de mexicanos mayores de edad con capacidad “teórica” para decidir.

Ya lo dijo el psicólogo Martin Seligman en 1965, cuando estudió la indefensión aprendida en perros: Si actuamos sin reflexionar, el condicionamiento clásico del aprendizaje por imitación será más fuerte que la razón.

Muchas personas con cáncer, construyen su propia tumba a través de sus creencias, dudan del diagnóstico, dudan de la existencia de la enfermedad, dudan de los tratamientos, solo con la fuerza de su creencia.

Creer como acto de fe o de magia tiene sus recompensas. Creer es más fácil que investigar; creer no cuesta. Creer es una cosa y confiar es otra, confundir los términos tiene resultados diferentes y a veces catastróficos.

La confianza se basa en la calidad y la evidencia del producto o el servicio, hay garantía en los procesos, hay certificación de los mismos, creer requiere cerrar los ojos de la razón y seguir los pasos de la indicación, la orden o la sugerencia.

Confiar en un profesional certificado es distinto a creer en las palabras de un merolico. Las creencias tienen su origen en la fe y la ocurrencia; la confianza, en la razón evidente.

La creencia multitudinaria sostiene la confianza de unos pocos. En otras palabras, los pobres sostienen a los ricos, los ingenuos a los pícaros, y los fieles a los redentores.

Los países pobres y sometidos lo son por muchas razones, quizá la principal, por sus creencias. Creer es un acto de fe, y ahí termina la razón y la ciencia para dar paso a cualquier tipo de conocimiento.

La fuerza de la creencia mantiene a muchos enfermos, con hambre y sed de justicia. En cambio, la fuerza de la confianza y la razón mantienen a unos pocos con bienestar, salud, educación y finanzas sanas.

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